23 may. 2009

Porno, empatía y neuronas espejo


A principios de los años 90, mientras realizaban diferentes experimentos con macacos, el doctor Giacomo Rizzolatti y su equipo descubrieron un comportamiento inesperado en su sistema neurológico. Los monos estaban conectados a una serie de electrodos, de manera que los científicos podían comprobar qué región del cerebro se activaba cada vez que realizaban alguna acción. Así, si el macaco cogía un objeto o se movía, los sensores registraban un aumento de actividad en las regiones implicadas en dicho movimiento.

La sorpresa vino cuando Rizzolatti descubrió que el cerebro de uno de los monos se activaba cuando veía a un humano coger un plátano. En el cerebro del macaco se activaban las mismas regiones que se habrían encendido de haberlo cogido por sus propios medios.
En posteriores experimentos descubrieron la existencia de las neuronas espejo, que se activan al observar el comportamiento ajeno y que tal vez puedan explicar algunos procesos cerebrales como el aprendizaje por imitación e incluso el lenguaje.

El doctor Harold Mouras, de la Universidad Picardie Jules Verne, se interesó por la manera en que nuestro cerebro reacciona ante los estímulos sexuales y la pornografía. Sus pruebas demostraron que la excitación vino casi siempre acompañada de una intensa actividad en el Pars opercularis, una región conocida por la abundante presencia de neuronas espejo.

Dado el papel de las neuronas espejo, el resultado de los experimentos podría llevarnos a una divertida y provocadora conclusión: la pornografía resulta ser una manifestación suprema de la empatía humana. Y, si nos ponemos cáusticos, la única forma realmente extendida de comprender al otro y ponerse en su lugar.

Vía: Libro de Notas.

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